Descripción del nuevo cielo y la nueva tierra

Aportación de los hombres al nuevo cielo y a la nueva tierra

Nuevo Cielo y Nueva Tierra
Foto de la Nueva Jerusalen

Como dice H. Küng, es cierto que “puede uno imaginarse un cielo “excesivamente sensitivo”, excesivamente fantástico. Como hace, por ejemplo, no sólo la apocalíptica, sino también –en continuidad con las ideas judeo cristianas- el Corán, que ve un paraíso lleno -¿sólo simbólicamente?- de dicha terrena: En los “jardines de las delicias”, bajo la complacencia de Dios (de la visión de Dios sólo se habla marginalmente), está la “gran felicidad”: una vida llena de dicha, sobre lechos adornados con piedras preciosas, deliciosos manjares, arroyos de purísima agua y leche, con depurada miel y exquisitos vinos, servidos por muchachos eternamente jóvenes, los bienaventurados acompañados de encantadoras doncellas del paraíso, a las que nadie ha tocado jamás (“huríes de grandes ojos como esposas”).

Pero, a la inversa, puede que algún musulmán, como también algún cristiano, considere “demasiado suprasensible” el cielo que se pinta en el “Suplementum de la Suma Teológica” de Tomás de Aquino, donde incluso los cuerpos celestiales permanecen en descanso eterno, los hombres no comen ni beben y, evidentemente, no se reproducen; de ahí que plantas y animales son superfluos en esta nueva tierra, desposeída de toda flora, fauna y minerales, pero repleta en cambio, de aureolas de los santos”.

El tercer Isaías, después del exilio babilónico, nos descubre cómo será el nuevo cielo y la nueva tierra:

“Mirad, dice el Señor, yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva; de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría por lo que voy a crear” (Is. 65, 17s).

Y acto seguido nos habla de que los hombres ya no morirán de niños, sino que vivirán jóvenes muchos años, que construirán casas, plantarán viñas y comerán sus frutos… (Is 31, 31-34).

“La ciudad (el cielo), según el Apocalipsis, no necesitará de sol ni de luna que ilumine, porque la gloria de Dios la iluminará, y su lumbrera será el cordero (Cristo); a su luz caminarán las naciones, y los pobladores de la tierra llevarán a ella su brillo. Sus puertas no se cerrarán de día, pues allí no habrá nunca noche y llevarán a ella el brillo y el honor de todos los pueblos… y los hombres reinarán por los siglos de los siglos” (Ap 21, 23. 26; 22,5).

228. Descripción del nuevo cielo y la nueva tierra

Capítulo XII. El más allá. ¿Continuamos o no después de la muerte?

Teología de Bolsillo, Antonio Hortelano

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