Promoción del más allá

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Promoción del más allá

Se diría que el hombre se resiste visceralmente a dar los grandes pasos a que le obliga su dinamismo interior. Es una especia de miedo e inercia que le bloquea. Si a un embrión en el seno materno se le preguntase si quiere nacer y salir fuera del seno materno, nos preguntaría qué hay en el exterior y, al enterarse de lo que ocurre en el mundo y de lo que tendrá que hacer desde la infancia hasta la muerte, seguramente nos diría que prefiere quedarse dentro. Ahí, en el seno materno, tiene respiración gratis, alimentación gratis, un ambiente confortable gratis y transporte gratis. ¿Para qué complicarse la vida saliendo solo ante el peligro? Tiene que imponerse la vida y obligarle a dar el paso que hará de él un hombre consciente, libre y responsable. Pero ese paso será doloroso y difícil, tanto para la madre –dolores de parto- como para el bebé que se ve obligado a saltar en el vacío y sufre, como no podemos imaginar, el impacto del ruido, de la luz y de un ambiente hostil y frío, aparte de la autonomía que debe conquistar a pulso, a base de grandes esfuerzos.
Algo parecido pasa con ese renacer en Cristo que supone nuestro paso al más allá. Nadie quiere espontáneamente dar el salto. Todos prefieren quedarse como están, por grandes que sean nuestros problemas en la tierra y por atractiva que sea la posibilidad de estar en el cielo. Estamos destinados a esa plenitud y, sin embargo, nos da miedo saltar en el vacío para enfrentarnos con lo desconocido.

232. No al miedo del más allá

Capítulo XII. El más allá. ¿Continuamos o no después de la muerte?

Teología de Bolsillo, Antonio Hortelano

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